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Van dos. La primera ha sido la retirada del proyecto del bulevar del Gamonal. La segunda, la retirada del proyecto de externalizar la gestión de seis hospitales públicos de Madrid. Una de las responsables de la resistencia médica a ese plan del Gobierno regional declaró: «Sí se puede parar una reforma». Suena como una llamada a la protesta cuando hay razones para ella. Suena a un testimonio de aliento a cuantos tienen reclamaciones a los organismos públicos y solo encuentran silencio como respuesta. Y la conclusión es que, en efecto, se puede frenar al poder político cuando existe oposición popular contundente. En el barrio del Gamonal la hubo, a pesar de los asomos de violencia, y se paró la obra. En la sanidad de Madrid ha triunfado la tenacidad y la confianza de los profesionales sanitarios en que podían derrotar a la autoridad.

En este último caso hizo falta que la Justicia echase una mano y la echó con la decisión del Tribunal Superior de Madrid de mantener la suspensión cautelar del proceso. Esa suspensión no obligaba a retirar el proyecto. Es decir, que se podría continuar con él, pero con todos estos riesgos: que la «marea blanca» de los sanitarios se repitiera cada fin de semana; que la protesta terminase perjudicando el servicio y la atención a los pacientes; que las Administraciones públicas perdiesen imagen de seriedad, porque sus contratos no son de fiar; y que el partido gobernante, el PP, terminase pagando los desperfectos en las urnas. De hecho, ya los está pagando en los sondeos que le vaticinan la pérdida de una prolongada mayoría absoluta.

Esto último es lo que asustó al señor González, presidente de la Comunidad de Madrid, y a su partido político. Digamos que es lo único que asusta a los gobernantes: la posibilidad de perder el poder por la necesidad de mantener una iniciativa. Y añadamos la lección de todo esto: antes de embarcarse en planes de tanta incidencia popular, hay que contar con los afectados y con la opinión pública. Se han terminado los tiempos de la imposición, por mucha mayoría que se tenga. Ya existe una sociedad que se sabe organizar con razón o sin ella, que aquí no entramos en el fondo de la impropiamente llamada «privatización» de la sanidad. Esa misma sociedad es muy eficaz a la hora de encontrar eslóganes que justifiquen su lucha y ha demostrado que maneja mejor la información, porque toca mejor la sensibilidad.

Sería muy interesante que se aprendiesen estas lecciones, porque la paz social no está en su mejor momento y hay demasiadas mechas que se pueden prender. Es tiempo de hacer cosas, algunas dolorosas, pero con información sobre la fuerza de la resistencia. Y creo que todo esto vale también para el conflicto catalán.

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