Neymar

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

29 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Las comisiones en el universo del fútbol son el equivalente a los agujeros negros en la astrofísica. Un misterio. Stephen Hawking aseguró recientemente que esas centrifugadoras del cosmos ni siquiera existen. En el fútbol siguen tragando trocitos de estrellas y de satélites. Cuentan que representantes de un club italiano se marcharon de Galicia hace años cuando agonizaba el mercado de invierno sin cerrar el traspaso de un jugador porque nunca habían visto «nada igual». Muchas aves picoteando sobre las migas del mismo pastel. Pero la palabra comisión cobra una nueva dimensión (astronómica) con la cantidad percibida por el padre de Neymar, que reconoce que se embolsó 40 millones de euros por el pase de su hijo al Barcelona. Eso no es sacar tajada, es llevarse la tarta con las guindas y la blonda incluidas. El Barça publicitó que había fichado a la estrella brasileña por menos de sesenta millones cuando costó casi noventa. Seguramente quería reafirmar que era el club de la cantera frente al de la chequera, el Madrid. Y aportarle un ingreso extra a Neymar sin que Messi saliera herido públicamente por el agravio económico. Pero Sandro Rosell fue denunciado por ese vacío de 40 millones y las cifras reales salieron a la luz. Algunos intentan proyectar la sombra del Real Madrid sobre todo lo ocurrido y no pierden la oportunidad de embarrar el campo con el supuesto aldraxe con Cataluña y hay quien digiere con gusto la ensalada de churras y merinas. Lo cierto es que parece poco probable que un merengue obligara a punta de pistola a Rosell a firmar el contrato millonario con el futbolista brasileño y su familia. Y de aquellos polvos vienen estas arenas movedizas.