Las troyanas

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

26 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Es triste. Con tanta novedad que nos asedia, al final no hay cómo recuperar el asedio por excelencia y leer esa brutal obra teatral, Las troyanas, que nos cuenta las demoledoras consecuencias de aquella guerra («la pobre Troya ya no existe»). El talento de Eurípides, un tipo que nació y vivió entre el 484-406 antes de Cristo, está plenamente vigente y es totalmente imbatible. No hay excusa con las páginas. Apenas son 104 páginas. Y tampoco con el dinero. Tienen una estupenda edición de bolsillo muy asequible con una introducción y una traducción de maestro de Ramón Irigoyen. En Las troyanas está ese puñado de versos, entre el 740 y 779, que fueron calificados en su día como el fragmento más desgarrador de toda la literatura trágica en el mundo. Irigoyen dixit que Gilbert Murray había dicho. Es Andrómaca, una madre que se despide del hijo que va a ser despeñado. Una catarata de palabras sobre el dolor. Una catarata de dolor. Pero hay mucho más. Cada línea es un fresco. La riqueza del texto abruma. Hécuba: «Veo la mano de los dioses que, unas veces, elevan a las nubes lo que no es nada y, otras, destruyen lo más digno». ¿Como hoy en día?