Salinger y la guerra

Blanca Riestra MIENTRAS NINA DUERME

OPINIÓN

18 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

A veces hay libros que aparecen y, sin publicidad alguna, se convierten en clásicos instantáneos. Este fue el caso de The Catcher in the Rye -traducido al español como El guardián entre el centeno- de J. D. Salinger. The Catcher se publicó en 1951 y fue un éxito inmediato que no ha cesado de venderse en todo el mundo hasta nuestros días, sin que parezcan afectarle modas o corrientes. Se trata de la historia en primera persona de Holden Caulfield, adolescente expulsado de un internado que regresa a su casa en Nueva York mientras nos lanza su desprecio por el superficial mundo que le rodea, del cual no desea formar parte. A veces olvidamos que The Catcher encontró dificultades antes de ser publicado. Harcourt la rechazó, como poco tiempo después rechazaría On the Road, de Jack Kerouac, demostrando la poca clarividencia del mundo editorial cuando se trata de hacer historia de la literatura. Pero Little Brown, una editorial más modesta, se atrevió con el texto, muy virulento, plagado de shit y fuck, algo que resultaba verdaderamente subversivo y antisistema en una época en que hasta Faulkner era censurado. Lo demás ya es historia. Millones de libros vendidos en todas partes y un autor tan fascinante como su obra que hizo de su reclusión, de su desprecio por los medios, todo un manifiesto.

Tuvieron que pasar un par de años desde su muerte en el 2010 para que Shane Salerno y David Shields sacasen a la luz la biografía con mayúscula del personaje, una acumulación de entrevistas trenzadas de antiguos compañeros de trincheras, colegas, editores, vecinos y antiguas novias que configuran un retrato agridulce de Jerry Salinger.

Aunque quizás lo más interesante del resultado no sea descubrir la fascinación de Salinger por las adolescentes, debilidad que compartió, entre otros, con Balthus o Nabokov, o su devoción militante por el hinduismo vedanta, sino cómo -veterano de la Segunda Guerra Mundial- la experiencia de la muerte, del dolor, de la finitud lo acompañó para siempre. Durante los setenta años posteriores al desembarco de Normandía, Salinger siguió inmerso en las batallas del bosque de Hürgen y de las Ardenas.

Y es que en el fondo El guardián entre el centeno, esa novela que el asesino de Lennon llevaba en el bolsillo, es una parábola sobre esa violencia que lo persiguió como una maldición, mientras él seguía conmovedoramente empeñado en que lo único que puede salvarnos es el trabajo diario, incesante y puro: aquel que no busca recompensa.