Rosendo Salvado: un gigante invisible tras los eucaliptos

Albino Prada
Albino Prada CELTAS CORTOS

OPINIÓN

12 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Este año, el día primero de marzo, se cumplen doscientos años del nacimiento de Rosendo Salvado en la ciudad de Tui. Cuando pregunto por él a amigos y conocidos compruebo que de conocer su existencia esta queda asociada a ser el monje que trajo los primeros eucaliptos australianos a Galicia. Y -casi siempre- poco más. Es por eso que creo que Rosendo Salvado lleva dos siglos sepultado bajo una gigantesca montaña de ramas y hojas de eucalipto.

Quien esto escribe no es defensor del abuso que se viene haciendo de esa especie forestal en Galicia. Baste decir que a realizar una crítica del mismo dediqué mi tesis doctoral. En cualquier caso, no está claro si las semillas que envió Rosendo fueron las primeras y sí lo está que no fueron las únicas que llegaron a España, según ha investigado Francisco Díaz-Fierros, gran divulgador de su figura entre nosotros. Por lo demás es obvio que nuestro personaje no puede ser responsable del abuso que luego se hiciese de tal especie. Tampoco soy un católico practicante (si acaso de mayor llegaré a ser agnóstico) y hablamos de un singular benedictino, abad y obispo.

No obstante, creo que Rosendo Salvado es un gigante porque dedicó su vida (entre los años 1846-1899) a demostrar, con hechos tangibles, que los aborígenes australianos eran tan humanos como los europeos y que por serlo no merecían el prosaico destino de los animales salvajes. Esa fue su tarea en Australia; el eucalipto, una mera anécdota.