Un perro llevará lentillas

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

Trabajar en Europa no es trabajar en el extranjero, dijo un vicesecretario general del PP. La marcha de profesionales sanitarios, investigadores, ingenieros, arquitectos? responde apenas a un fenómeno de movilidad exterior, dijo la ministra de Empleo. No es posible seguir hablando de descenso de paro o creación de empleo, o altas y bajas en la Seguridad Social, sin contemplar al tiempo la emigración. Como en los últimos años no era posible entender empleo, economía y riqueza sin atender a la inmigración. Para los gallegos, la emigración es parte de nuestra propia historia política, económica, personal y emocional, sin necesidad de remontarnos a la primera mitad del siglo XX. Con sus luces y sus sombras, pero siempre con costes sociales y personales.

En diciembre asistimos a la primera bajada importante en el número de parados, con la esperanza de que se convierta en tendencia, por más que la primera oferta de empleo para titulados universitarios publicitada aquí en Galicia se limite a seis meses y seiscientos euros al mes para 200, conviene recordar que, según los datos del INE, en el 2012 marcharon oficialmente al extranjero unos 60.000 españoles, un 8 % más que el año anterior.

En el envés de ese descenso del paro está la caída de la población activa, también con los que emigran, y por ello parecería adecuado que este Gobierno, que tanto y tan bien nos tutela, refundara el Instituto Español de Emigración. Porque dada la filosofía que explicitan los responsables del actual Gobierno popular, aunque semeje lejana de aquella del régimen franquista de 1956, año de creación del IEE, presenta similitudes con la etapa desarrollista de 1963 a 1973. Años en los que marcharon, con emigración asistida por el citado instituto, un millón de españoles. Y a los que acompañaron otro millón que se fueron por otras vías no oficiales.

La población española entonces no estaba envejecida y la tasa de natalidad eran tres hijos por mujer. Por ello el drama migratorio a Europa, hasta mediados de los años setenta, tuvo un impacto sociológico reducido en nuestra estructura poblacional.

Sin embargo, ahora no emigran solo los nacidos en España, sino también los que se incorporaron como inmigrantes a nuestro país en años pasados (unos 400.000 emigraron de nuevo en el año 2012). Lo que, junto con la tipología actual del emigrante, joven entre 25 y 35 años y un alto nivel de preparación profesional, empobrece el futuro del país, de sus recursos humanos y del equilibrio demográfico.

Aun así, si, como pretende nuestro Gobierno, los emigrantes españoles fortalecen la marca España, no escatimemos apoyos. Refundemos el Instituto Español de Emigración, y que su superviviente Carta de España pueda darles noticias de tanta enjundia sobre su país, y de su respectiva «patria chica», como la que da título a esta pieza: Un perro llevará lentillas, fechada en 1973 y leída en una chambre de bonne del distrito 16 en París.