Aprender en Internet

Celso Currás
Celso Currás NUESTRA ESCUELA

OPINIÓN

El uso de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) en las aulas no está avanzando al ritmo que las expectativas y las inversiones hacían prever. Hasta ahora, los ordenadores en las clases no han mejorado el rendimiento de los alumnos. La clave de su implantación no está en seguir incrementando el presupuesto dedicado a la compra de hardware y software, sino en el cambio del método de enseñanza y aprendizaje. No olvidemos que Extremadura llegó a tener una relación ordenador/alumno cuatro veces superior a la media española, con un rendimiento educativo inferior. Las computadoras quedaron desfasadas y los resultados no mejoraron.

Mientras las clases se sigan impartiendo de forma tradicional, las TIC serán un fin, no un medio en este proceso. Solo servirán para perder un tiempo, muy necesario para otras actividades escolares. El alumno maneja el ordenador mejor que el profesor y navega constantemente por Internet, pero no es capaz de aprovecharlo con eficacia para aprender. Principalmente porque el docente sigue más dedicado a transmitir conocimientos que a orientar y facilitar su búsqueda. Para este viaje no hacen falta alforjas.

Una de las características del momento actual es el ingente volumen de información. Alguien dijo que se ha generado más en los últimos cinco años, que en los cinco mil anteriores. De la capacidad para discriminarla depende, cada vez más, el éxito formativo y profesional. Internet es una impresionante fuente de información y cultura: barata; siempre disponible y modificable; fácil de manejar; con libertad de expresión? Pero también carente de filtros o controles previos de calidad; sin rigor ni sistematización; con mucha publicidad y basura. Es necesaria una sólida capacitación para saber buscar, seleccionar e integrar la información que interesa, acudiendo a fuentes fiables y de calidad, todo ello sin pérdida de tiempo. Esta competencia, imprescindible para una buena formación del alumno, ha de ser proporcionada por los educadores, que ya no tienen el monopolio del saber. El maestro puede ser superado por su discípulo en habilidades tecnológicas e incluso en conocimientos, pero no en capacidad de selección de contenidos y valores y de transformación de la información en saberes útiles. Este es el nuevo papel que tiene que reivindicar y asumir, y para el que ha de estar muy bien formado. Hay que encontrar soluciones para los que no puedan o no quieran «subirse a este carro».

El ritmo de nuestra sociedad no permite a los alumnos esperar por un relevo generacional que, pese al aumento de jubilaciones, se está demorando demasiado.