Cualquier excusa es buena para ser Kinderlos. Tener hijos no es negocio, como saben los millonarios, que en eso son comedidos y adolecen de prole numerosa. Es que ser padre, además de mal negocio, resulta que restringe el ocio. Por dinero no sería. Adoptar un crío ronda los 20.000 euros. Menos que un Audi de los baratos.
Si los que pueden no quieren, ¿cómo van a querer los que no pueden? Lógico. Aquí nadie hace la cuenta, pero criar un primer hijo hasta que se emancipa cuesta -según el método USA- a alguien de clase media-media, sobre el 15 % de sus ingresos. El segundo churumbel ronda el 10 %, y el tercero? bueno, hay que estar loco o lelo para tripitir. Redondeando, cada niño medio sale sobre 8.000-10.000 euros/año, sin contar el lucro cesante del tiempo y oportunidades perdidas. De esto saben las madres estresadas y las embarazadas que son despedidas.
Por culpa de los economistas, en esta sociedad lo que no se aprecia tampoco se valora. Los que ahora se preocupan del déficit exterior español de 2000-2008, causa de nuestros males, ¿verán que el peor déficit es el de niños? Estos no computan en el cuadro macroeconómico, a pesar de ser la única inversión basal, el único futuro social, y sus padres los genuinos emprendedores vitales.
Al no valorarse ni apreciarse, piensan los contables que los padres no son muy espabilados. Y algo de razón tienen: se necesita ser algo tonto y bastante temerario para arriesgarse a tener un hijo, ya que resulta más fácil, cool y barato no tenerlo que hace 30-40 años. De ahí que estemos no en crisis de fecundidad, sino en la peor de las depresiones demográficas, cuyas consecuencias dejarán en anécdota la cíclica recesión económica.