El niño y el tablero

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Hay tendencia a sospechar de todo lo que se aleja de la normalidad. Para bien y para mal. Leyendo cosas sobre Carlsen (tenía que llamarse Magnus), el nuevo y segundo campeón del mundo de ajedrez más joven de la historia, a uno le entra interés y miedo. ¿Fue, es y será feliz? A los cinco años memorizó todos los países del mundo, sus superficies, sus poblaciones y sus capitales. A los cuatro su padre, jugador de club modesto, ya le había enseñado a jugar. Pero hasta los ocho no volvió a interesarse y el padre no lo forzó. Y en cinco años se hizo gran maestro, con solo trece años. A los 19 ya era el número uno mundial. Cuando niño, unas azafatas no le dejaban pasar a un torneo porque creían que ese crío estaba de broma. Les explicaron a las azafatas que era el mejor jugador de la selección noruega absoluta. Los padres no quisieron que su Magnus fue un bicho raro y lo animaron a practicar saltos de esquí, fútbol y otros deportes. También pillaron una excedencia y se fueron con sus cuatro hijos por Europa para que Magnus aprendiese el espectáculo de los países y libertad de viajar. Jamás lo encerraron con las blancas y las negras. Ama la cocina italiana. Entrena contra una supercomputadora. Y al indio Annand le quitó la corona mundial sin necesidad de jugar las doce partidas. Le gustan el póker y el Real Madrid. ¿Por qué no va a ser feliz? ¿Por qué su inteligencia es un Ferrari?