Que los presos de ETA reconozcan, tras 829 asesinatos y cuando han sido barridos por el Estado de derecho, el daño que han causado, me parece tan cínico, y me deja tan frío, que no alcanzo a comprender la polvareda que el comunicado de los etarras, igual de repulsivo que todos los suyos, ha levantado entre muchos comentaristas y entre partidos y políticos.
Los presos de ETA dicen reconocer «con toda sinceridad el sufrimiento y daño multilateral generados». Fíjese bien el lector en que lo realmente decisivo de esa frase es el término multilateral, demostrativo de que ETA no se ha apeado del desvarío criminal por virtud de cual los terroristas causaron un daño inmenso a docenas de miles de personas durante más de medio siglo: que en el País Vasco había un conflicto y, como fruto de él, un enfrentamiento entre dos violencias paralelas, todas igualmente culpables del daño producido, que sería, por eso, multilateral. ¡Una patraña!
Sí, la teoría del conflicto es la sucia y despreciable patraña de unos paranoicos que, con o sin pistolas, construyeron sobre ella el delirio que los llevó, primero, a asesinar, secuestrar y extorsionar; y que los lleva ahora, vencidos por la policía, los jueces y la ley, a pretender que aceptemos algo parecido a una política de reconciliación que debería servir, finalmente, para sacar a los terroristas de las cárceles. Acabáramos.
Digámoslo, pues, con toda claridad: las lágrimas de cocodrilo de los etarras en la cárcel no son más que su coartada para intentar ganar después de haber perdido. Ganar, imponiendo su despreciable disparate de las violencias paralelas. Y ganar deduciendo de él la necesidad de una reconciliación que saque a los criminales de las cárceles.
Pues yo digo que no, y creo expresar, al hacerlo aquí, la voz de millones de españoles: digo que no, porque en el País Vasco no hubo más conflicto que el provocado por quienes querían imponer su política a punta de pistola y por quienes sacaban de los crímenes sustanciosos réditos políticos; digo que no, porque donde no ha habido enfrentamiento entre dos partes sino crímenes brutales por una sola, no tiene que haber reconciliación sino justicia; y digo que no, porque los etarras no han sido unos errados luchadores por la libertad de los vascos sino unos asesinos que han pretendido imponerse a la inmensa mayoría por la fuerza de las armas.
¿Que los etarras han de pedir perdón? Allá ellos con su conciencia, si la tienen. Que cumplan sus penas con el régimen penal y penitenciario de los restantes delincuentes y aquí paz y después gloria. Pues esa es la única paz y la única gloria que nacerán de la justicia y no de una componenda política indecente para premiar a quienes convertirían así la derrota de ETA en el acto fundacional de la reescritura de su historia.