La frase es un clásico en las sobremesas, se acoda en las barras de bar, se cuela en la cola de la pescadería: «En España, si no estás imputado no eres nadie». Alguno, con espíritu de regueifeiro, contesta: «Salvo que seas infanta». La hipérbole comienza a ajustarse a la realidad en algunos ayuntamientos gallegos. La tormenta de imputados se ha desplazado al norte y arrecia en A Coruña.
Entre el desastre y el olvido
No hay término medio en Muxía. A veces condenada al olvido. A veces agitada por el desastre, por las entrañas venenosas del petrolero, por el fuego que devora su santuario. Es triste ver A Virxe da Barca naufragando en llamas. Pero también recordar el abandono del patrimonio de Moraime, en el mismo municipio. Se han levantado engendros mientras se dejan pudrir tesoros del pasado, heridos sin necesidad de que los parta un rayo.
Tierra quemada
Un adiós puede ser la excusa para reescribir el pasado. Algunos quieren despedir a Lendoiro adaptando esa premisa de privatizar los logros y socializar los fracasos. Como si la gigantesca deuda se hubiera originado por generación espontánea, cual mancha de humedad en la sede del Deportivo. Lendoiro se va, pero deja su particular abismo.