La pregunta puede parecer de Perogrullo teniendo en cuenta que es un ministro de Justicia del PP quien ha promovido, justificado y redactado ese anteproyecto de ley que solo en su enunciado ya proclama su armazón ideológico. Recordemos que ha sido bautizada como Ley de Protección de la vida del concebido y los derechos de la embarazada, uno más de los rodeos dialécticos que viene acuñando hasta extenuarnos el partido que gobierna. Pero esta no es hoy la cuestión. La pregunta que se plantea en el título brota de la convicción contrastada de que una parte sustancial de este PP no comparte el giro fundamentalista que imprime a todo el Gobierno y al partido que lo alimenta esta normativa que nos aproxima más a la España de la autarquía que a la Suecia del Estado del bienestar. Militantes, votantes y hasta dirigentes populares admiten en privado su malestar por el empeño de Gallardón, que al parecer se ha propuesto que el único punto que se cumpla del programa electoral sea el que nos permitirá poner la marcha atrás y regresar a la España en la que las desahogadas viajaban a Londres para abortar y las demás lo hacían en la trastienda de una peluquería o introduciéndose un paraguas por la entrepierna. Todas estas personas que pelean cada día por convencernos de que el PP destila modernidad desde posiciones conservadoras y que ya no admite peajes religiosos ni siente nostalgia del pasado, deben dar un paso al frente y expresar en público el mismo bochorno que admiten en privado. De no ser así, tendrán razón quienes advierten que la gama ideológica de este partido se ha escorado definitivamente hacia el margen más derecho. Y sus militantes y votantes deberán decidir si el modelo Gallardón los sigue representando.