Ayer pasamos el solsticio de invierno, la noche más larga del año. En estas fechas anochece para la mayor parte de Galicia antes de las 6. Si cambiásemos nuestro huso horario para alinearnos con los británicos, se haría de noche antes de las 5. Este es uno de los principales argumentos de los que nos oponemos a dicho cambio. Por cierto, las tardes no empezaron a crecer ayer, sino hace un par de semanas. ¿Por qué? Apuntemos hoy la hora del ocaso. Mañana, 23 horas y 56 minutos después, la Tierra habrá rotado sobre sí misma, pero no tendremos el Sol en el mismo sitio: en ese tiempo la Tierra también se habrá trasladado un pasito en su largo camino de un año alrededor del Sol y no estará colocada hacia él como lo estaba hoy. Habremos de esperar unos minutos más para llegar al ocaso (4 minutos en promedio al año, por eso decimos que el día tiene 24 horas). ¿Dónde está la clave? Pues en que la Tierra corre más rápido alrededor del Sol en invierno que en verano: el descoloque es mayor en invierno y el ocaso se retrasa. Con las mañanas irá al revés: no crecerán hasta dentro de dos semanas.