El llanto sirio

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

Finalizado el seminario, en el que participé como ponente, invitada por la Universidad de Valencia, algunos asistentes se acercaron para saludarnos. Entre ellos se encontraba el representante de una organización de sirios en España. Un caballero amable y educado que a duras penas pudo contener las lágrimas al ver una de las diapositivas con las que yo intentaba mostrar la diversidad étnica y religiosa de Siria. En ella aparecía Homs, su ciudad natal, donde vivía la mayor parte de su familia, y prácticamente arrasada a día de hoy. Antes de marcharse, lleno de congoja, nos comentó que hacía semanas que había perdido el contacto con sus allegados.

La historia se repite. La guerra la hacen algunos, en teoría para defender los derechos de todos, pero solo la padecen los indefensos y sacan provecho de ella los canallas. Por si fuera poco la terrible guerra civil que vive Siria, en la que los que iniciaron la revuelta están perdiendo terreno día a día ante el avance de las tropas de Bachar y el empuje de los radicales islamistas, un invierno crudo como pocos amenaza con cebarse con los cuatro millones de refugiados que lo han perdido todo. La ONU ha pedido 4.700 millones de euros para ayudar a los sirios, cuya crisis es ya más grave que la de Ruanda de hace 20 años. Pero, en tiempos de escasez económica, la solidaridad resulta difícil, más aún cuando esta tragedia se podría haber evitado si Rusia, China e Irán hubieran primado la vida de los sirios sobre sus intereses económicos y políticos.