China sin complejos

Javier Losada de Azpiazu FIRMA INVITADA

OPINIÓN

10 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El secretario general del Partido Comunista Chino, Xi Jimping, enumeró como sus líneas estratégicas impulsar el desarrollo, el consumo interno, mejorar la calidad, modernizar la fiscalidad, la liberalización administrativa de los controles personales y propietarios, desarrollo tecnológico, compromiso medioambiental y cooperación en la relación internacional.

El tándem Xi Jinping y Li Keging ha seguido el tradicional camino poscongresual del PC chino: esperar al denominado tercer comité central para describir, en base a las anteriores propuestas programáticas, la agenda política y económica de los próximos años.

El primero lo dedicaron a los cambios para el control del partido y la segunda reunión acordó los nombramientos en el Gobierno, demostrando, una vez más, la autoridad del partido sobre la acción del Gobierno. Y, en su tercera reunión, establecieron las propuestas, los calendarios y las decisiones que aplicarán en la próxima década. Partido, Gobierno y estrategia, por este orden. Añadiría, también, una necesaria pacificación poscongresual.

Comité del mismo nivel de importancia que tuvieron los terceros de 1978 y 1993. 1978, con el liderazgo de Deng Xiaoping y el fin de la Revolución Cultural, trajo la gran apertura económica. 1993, bajo la dirección de Jiang Zemin, donde se acordó redoblar esta apertura.

El del 2013 ha sido el de la modernización y crecimiento interno. Con la consolidación del socialismo «al estilo chino», una intensa reafirmación de su identidad y una profundización del liberalismo económico.

La apertura política esperada, al estilo Occidente, volverá a ser limitada. Serán la mejora de salarios y condiciones de trabajo lo que haga de dique de las ansias sociales de la población.

Mantendrán una disciplinada política, la del «socialismo con características chinas», donde nunca se podrá homogeneizar el estatus político del país con la democracia que conocemos en Occidente. Convencidos de que en el planeta Tierra es posible la coexistencia de diferentes sistemas políticos y porque consideran que una rápida apertura política, en un país aún por cohesionar, puede provocar una implosión de magnitudes incontrolables.

Iniciarán un nuevo proceso de reurbanización, de creación de nuevas ciudades, relajarán el denominado hukou para garantizar derechos ciudadanos en el acceso a servicios urbanos, favorecerán un controlado incremento demográfico relajando la decisión de un solo un hijo, iniciarán experiencias de autorización al acceso a la propiedad e incluso su venta, relajarán los movimientos migratorios, estimularán la presencia de participación privada en la actividad económica y llevarán a cabo una profunda inversión tecnológica. Buscando aumentar la renta y sacar a 200 millones de habitantes de la pobreza.

Conscientes de que, para incrementar esas rentas, precisarán de crecimientos en torno al 7,3 %, mirarán más hacia su interior, apostando por las reformas internas de su economía para alcanzar ese crecimiento por la vía del consumo interno, ante la caída de las exportaciones.

La colaboración público-privada será más intensa, favoreciendo cierto grado de propiedad y propiciando la evolución económica por el mercado.

Su política exterior toma nuevas orientaciones geoestratégicas. Quizás por la idiosincrasia europea al pragmatismo, tan típica de la clase dirigente china, veremos una mayor presencia en el escenario europeo dentro del multilateralismo y una menor actividad en la vanguardia entre los países emergentes. Seguirán la teoría de la cooperación dentro de la máxima «ganar ganar» en detrimento de los conflictos locales, tan frecuentes actualmente. Excepto en sus relaciones con Japón, ahí mantendrán su discurso, histórico, de beligerancia. Los límites territoriales en discusión serán la excusa de esta estrategia, conjugando una verbalización intensa, casi prebélica, con escaramuzas en forma de alarmistas maniobras militares.

Resumiendo, empieza la velocidad de crucero del socialismo «a la China» de la tercera generación de dirigentes.

Javier Losada de Azpiazu es Senador. Portavoz adjunto de Exteriores del PSOE.