La nación que deja Mandela


La República de Sudáfrica es hoy una gran nación, no solo por su extensión (más de dos veces España) y población de 50 millones de habitantes, con once grupos raciales y sus distintas lenguas. Este país es reconocido como líder entre las naciones africanas y desde 2010 pertenece al grupo de naciones emergentes, conocido como los BRICS (Brasil, Rusia, India China y Sudáfrica).

Podemos verlo como un país moderno, políticamente una democracia parlamentaria, en donde domina el partido ANC (Congreso Nacional Africano) que ha promovido un plan de seguridad social único en África que abarca sanidad pública y pensiones para todos, plan que todavía está en marcha. No obstante, se producen revueltas populares de grupos descontentos con los problemas de la recesión sufrida que ahora parece remitir, creciendo por encima del 2 %. De su prestigio dice el haber sido elegido miembro accidental del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero también en África donde se muestra en la Unión Africana, con participación activa para atender a los numerosos conflictos, como los de Somalia o Mali. Podemos afirmar que la figura de Mandela ha revalorizado la imagen de Sudáfrica como país moderno, pero sobre todo como símbolo de las ventajas de la reconciliación racial. Como lo que fue Gandhi para la India. Ambos están en la historia como modelos a imitar para la paz entre los pueblos.

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