El ministro magnánimo

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

Parece que el ministro de Hacienda desea que lo queramos más. Deseo propio de quien se dedica a lo público con entrega incondicional y actitud salvadora.

Es obvio que desde su ministerio desarrolla una espléndida política fiscal. Ha logrado en dos años subirnos todos los impuestos, empezando por el impuesto del trabajo personal y alcanzando a todo tipo de impuesto sobre el valor añadido que en el ciudadano consumidor recae. Ha logrado rebajar el sueldo a todos los empleados públicos que de él dependen, y ha obligado a otras Administraciones a hacer lo mismo con los suyos. Por nuestro bien y el de la patria o la marca España.

Logró que las ineficacias derivadas de una abultada nómina de sanitarios, profesores y asistentes a dependientes se redujera de forma drástica, logrando con medidas creativas una espléndida mejora en los servicios públicos de la sociedad del bienestar.

Alcanzó cotas desconocidas en la persecución del fraude, promulgó amnistías fiscales, y no le tembló la mano al remover de sus puestos de trabajo a 300 técnicos de Hacienda del turno de libre designación.

Recuperó para la persecución del fraude a otros técnicos de Hacienda preteridos por Gobiernos socialistas, como aquella expresidenta de la CNMV en tiempos de Aznar, asunto Gescartera, y la nombró -bendita libre designación- adjunta al director de la oficina antifraude. Logró el cese/dimisión de una inspectora, y las de otros compañeros en solidaridad, por mantener la confidencialidad de las actuaciones de las inspecciones de Hacienda y defender los derechos de los contribuyentes, que sin embargo señala con el dedo en sus comparecencias parlamentarias.

Por no hablar de las situaciones de asfixia económica a las que su poderoso ministerio llevó a innumerables organismos públicos, dándonos la oportunidad de comprobar que se puede hacer más con menos.

No dudó ni un segundo en obligar a un director general del Ministerio de Justicia a retirar una resolución dictada que de forma apresurada quería devolver los moscosos a los funcionarios de tal ministerio.

Logró que gran parte de la sociedad se alborozara cuando, contra toda evidencia, demostró la cuadratura del círculo: los salarios no bajan, crecen moderadamente. Y marcó estilo: el presidente del Gobierno anunció con énfasis y convencimiento, siguiendo la pauta Montoro, que no había aumentado el paro estos dos años, logrando hacernos olvidar la emigración de jóvenes, con su mitad en paro, y el inmóvil 26 %.

Pero últimamente noto síntomas de debilidad en el ministro. Aflora su magnanimidad. Desea eliminar el impuesto de sociedades, cuando según su criterio las empresas son contribuyentes activos y de gran responsabilidad social. Pero mi preocupación llega al máximo cuando anuncia: Vamos a darles una alegría a los funcionarios. Restituiremos un día de libre disposición: Tendrán tres moscosos y un montoro. Al servicio de la patria.