La visión de la Arcadia feliz que Rajoy y Montoro tienen de la economía española no es más que un decorado de cartón piedra incapaz de esconder la dramática realidad en la que viven millones de personas en España. Porque esa imagen de que llega dinero de todas partes, que la Bolsa sube y que los bancos vuelven a los beneficios millonarios se diluye en cuanto se confronta con la insoportable cifra de desempleo y sus dramáticas consecuencias.
En España hay 5.904.700 desempleados, una cifra brutal, desconocida en nuestra historia, y que descalifica por mentiroso a cualquier discurso triunfalista. Pero hay más. Cuando se conocen los detalles de esta cifra el drama alcanza realidades insoportables. Por ejemplo, una tasa de paro del 26 % como la nuestra nos coloca como el país con más paro de todo el mundo. Solo en la Alemania prenazi se alcanzó una tasa similar porque en situaciones de normalidad jamás, en ningún otro país, se ha llegado a una cifra tan elevada.
Y lo peor es que ya llevamos así desde el 2009 y, según todas las estimaciones, no bajaremos del 20 % de paro en los próximos cinco años. Una década que condena a varias generaciones de españoles al fracaso, a la marginación, a la exclusión social: en España hay 3.546.400 parados de larga duración, de los que 2.176.600 llevan más de dos años, una situación terrible porque se agotan las prestaciones y cada día que pasa multiplica exponencialmente los riesgos de no volver a trabajar.
Parados con una escasa protección social, porque solo uno de cada tres tiene cobertura y además su cuantía es muy baja: 828 euros al mes de media los que tienen prestación contributiva y 426 euros para los que cobran el subsidio. Son millones de personas angustiadas ante su incierto futuro y el de sus familias, en especial los 1.824.500 hombres y mujeres mayores de 45 años, una edad que en ese escenario de paro por encima del 20 % les da muy pocas oportunidades de encontrar un empleo y por lo tanto de volver a cotizar para tener derecho a una pensión contributiva.
Una situación de paro tan extendida que provoca un enorme destrozo social: 4.548.000 familias españolas, una de cada cuatro, tienen alguno de sus miembros en paro, un drama que llega al extremo en las 1.807.700 familias en la que todos, sí, todos, sus miembros están sin trabajo.
Rajoy, Montoro o Alierta, antes de volver a decir eso de que ya hemos salido de la crisis, tienen que pensar en Antonio S., un parado de 52 años, que trabajó en la construcción media vida, que lleva en el paro tres años, que se desespera cada día, y cada noche porque no puede dormir, angustiado pensando en que no volverá a trabajar, que solo tendrá una pensión asistencial y que tiembla de miedo y angustia cada vez que el Gobierno amenaza con no prorrogar la ayuda de los 426 euros que es el único ingreso que entra en su casa.