Lo peor que le puede pasar al PSOE después de su sonada conferencia política es que se lo crea. Es decir, que piense que con hacer una buena asamblea, suscitar muchos aplausos y proclamar que «ha vuelto», ya todo está resuelto y tiene expedito su camino hacia la Moncloa. No. Las crisis de un partido se alivian con ese formato, pero no se resuelven. Se crea un oasis de paz en medio de la tormenta, se siembra un poco de optimismo en la militancia, se toma aire para seguir y se afianza al líder, pero poco más. A partir de ahora queda todo por hacer, y lo primero es dar continuidad al clima de euforia contagiado en el seno de la asamblea. Aplausos los levanta cualquiera: basta electrizar a la concurrencia con unas cuantas frases de éxito político y tono de mitin. Mantener los aplausos en el tiempo, ese es el desafío.
A su vez, lo mejor que le ha podido ocurrir al PSOE después de su exaltación es la reacción de sus competidores. Cayo Lara apostó por la descalificación y Dolores de Cospedal no quiso ser menos: saltó como una fiera a negar a los socialistas proyecto, programa y liderazgo. Buena señal: si la conferencia hubiera sido estéril, ninguno de los dos hubiera consumido ni un minuto en reaccionar. Pero han visto o intuido algo que les hace demonizar al «nuevo» PSOE. Cayo Lara quizá vio un Rubalcaba que le quiere comer el terreno de izquierda. De Cospedal quizá teme que el Partido Socialista sume a sus votos fieles el voto de los indignados. Estos, juntos, son decorativos si están en Izquierda Unida. En el PSOE serían suficientes para echar del poder a cualquier Gobierno.
Conclusiones. La conferencia socialista no estuvo mal. Fue un teatrillo para lograr presencia en el escenario, y la ha conseguido. Dio la impresión de que hay partido, lo cual ya es algo tal como anda la socialdemocracia europea. Es posible que haya conectado con algún votante perdido. No es improbable que alguien crea de verdad que el PSOE ha girado a la izquierda, que es adonde se dirige el cabreo nacional. Y, sobre todo, reafirmó el liderazgo de Rubalcaba.
¿Por qué digo «sobre todo»? Porque no hay quien me quite de la cabeza que esta conferencia política ha sido un truco para aplazar o acallar la lucha por el poder dentro del socialismo, y Rubalcaba necesitaba tiempo para demostrar que no es solo un estratega, sino un líder. En esta conferencia lo fue, gracias a su propia autoridad y a su alianza con Susana Díaz. Hay mucho Rubalcaba en Alfredo. Es muy difícil hacerle sombra cuando se pone a trabajar. Ahora solo necesita convencer a los votantes de las primarias. Y a mí, después de verlo, me recuerda al señor aquel del anuncio de detergente que decía: «Si encuentra algo mejor, cómprelo».