Tomo nota

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

10 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El ex diputado del PSdeG Tuco Cerviño proclamaba hace unos días que los dirigentes de un partido político aceptan de manera tácita un ajuste de su derecho a la libertad de expresión. Quizás por eso cuando alguno se salta el aburridísimo guion de la obediencia debida, el respetable se frota las manos con la misma curiosidad que provoca la tramoya cuando asoma la patita. La macarrada del «tomo nota» de Aznar y la suficiencia despechada y machista de Rubalcaba al discutir la inteligencia de Chacón, a quien apenas considera una muchachita tenaz, qué riquiño, son dos ejemplos de que los partidos son naves marcianas que costean por la orilla de la realidad pero sin mezclarse con ella. Ninguna otra organización humana sobreactúa tanto los afectos y disimula con tanto empeño los desacuerdos, en una representación ramplona que los ciudadanos ni se creen, ni respetan. No olvidemos que en los partidos se libra hoy una pelea encarnizada por el puesto en la que el colega de siglas incordia mucho más que el enemigo. Así que las energías no se destinan tanto a disponer la res publica sino a vigilar de cerca al compañeiro, que en realidad tiene hechuras de rival. A las organizaciones políticas, como a las familias fetén, fetén de verdad de las de toda la vida de dios, les incomoda mucho que los trapos sucios se ventilen en la fachada principal. Prefieren el ambiente atosigante del trastero para los navajazos. Así que cuando Rubalcaba recorta el sistema límbico de la Chacón para valorar en ella la principal virtud de los pollinos es que ya tienen el desván lleno de cadáveres desollados. El problema es cuando tanto fiambre empieza a oler.