Elogio de la locura

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa FARRAPOS DE GAITA

OPINIÓN

Habitamos el país de las caricaturas, del brochazo grueso, donde las más sutiles formas de pensamiento se convierten, bajo el polvillo mágico de las Campanillas de la todología, en eslóganes de menú rápido. Si a esos usos y costumbres ancestrales les aplicamos, a toda máquina, el acelerador de partículas de Twitter y Facebook, obtenemos el teatrillo de sombras chinescas (más bien grotescas) en que se ha transformado nuestra realidad cotidiana. Y en esa mezcla de sumo y pelea en el barro que es hoy el ring de la política nacional el nuevo payaso de las bofetadas es el zarandeado estudiante de Erasmus, a quien un día se le quita la beca y al siguiente se le da o, por el mismo precio, se le vapulea por gandul, ya que, según las tertulias de barra televisiva, lo suyo viene a ser un macrobotellón patrocinado por la cándida UE. A esto se debía referir Erasmo cuando escribió su Elogio de la locura.