Malala

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Un blog. Un autobús. Armas. Disparos. Varios balazos. Un disparo en la cabeza. Y Malala sobrevivió a la intolerancia que siempre se da la mano con la violencia. Malala es un ejemplo de lo mejor, gracias a su recuperación en un hospital de Londres, porque, por desgracia, viene de lo peor. Es lo que brilla en la ciénaga. La joya a la que agarrarnos para ayudarle a luchar contra la intransigencia. Malala Yousafzai tiene 16 años y el 9 de octubre del 2012 fue atacada por los talibanes. ¿Por qué la atacaron? Por escribir en su blog que las niñas deberían tener derecho a la educación en su país. En julio fue la primera menor que habló ante la ONU para insistir en que la verdad está de su parte, porque su parte es la de la razón. Malala apenas oye, de las secuelas que le quedaron de los disparos, pero es muy importante que todos la escuchemos. «¿Cómo se atreven a arrebatarme los talibanes mi derecho a la educación?». Sin educación no somos nada. Su biografía, Soy Malala, ya está publicada en casi una decena de países. Y ya es premio Sajarov, entre otros. Hasta casi tocó el Nobel con la punta de sus dedos este año. Quién sabe para el próximo. Y es que Malala debe seguir con su ejemplo de sentido común ante el absurdo.