La austeridad mata

Fernando González Laxe
Fernando González Laxe FIRMA INVITADA

OPINIÓN

28 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Esta frase no es una arroutada, ni un aturuxo, ni un eslogan publicitario, sino la conclusión de los últimos informes económicos refrendados por evaluaciones de las políticas aplicadas en algunos países europeos.

Los debates económicos se han venido centrando en cómo diagnosticar la crisis, en cómo escudriñar las distintas manifestaciones de la misma y en cómo dibujar el juego de fuerzas existente entre los distintos agentes e instituciones. Las experiencias académicas también nos invitan a contrastar estos efectos con los principios de la teoría económica. Si todos los países aplicasen la misma medida, los efectos se neutralizan. Esto es, si todos se dedican a reajustar el gasto público y el privado; y, al mismo tiempo, reducimos los salarios, la consecuencia es el estrangulamiento de la demanda interna mundial; y, con ella, la inversión se retraería y los impactos sobre el empleo serían desastrosos. Se generarían más desigualdades y se reducirían las opciones de crecimiento.

En la actualidad, siguiendo las enseñanzas provenientes de la mayor parte de los estudios, se puede llegar a hablar de cinco hipótesis contrastadas empíricamente. Estas concepciones chocan con los discursos oficialistas y, sin duda alguna, están conformando un nuevo corpus doctrinal de la ciencia económica, dando pie a numerosos consensos entre los más diversos especialistas. Vayamos a reseñar esas mencionadas hipótesis y extraer consecuencias de ellas.

La primera hace referencia al hecho de cómo los Gobiernos tratan de justificar sus actuaciones en el campo de la aplicación de las consolidaciones fiscales. Con objeto de persuadir a la población de que sus medidas son oportunas, no se le ocurre mejor argumentación que acudir a los peligros procedentes de fuera, del exterior (considerándolos exógenos). En este caso, se acude a las primas de riesgo en los mercados financieros. Entonces, para poder restablecer el acceso a la financiación externa y estabilizar la moneda, los Gobiernos se juramentan en retirar los estímulos fiscales y económicos; y actuar en el control del déficit. En suma, se argumenta que recortando el gasto público, estaríamos en mejores condiciones de presentar una tarjeta de identidad más saludable a los llamados mercados financieros internacionales. Buscando esta comprensión y complicidad, lo que hacen es recortar y disminuir el gasto público y los estímulos. Pero, claro está, actuaciones como esta, en épocas de crisis, agravan las situaciones de recesión, prolongan la austeridad, activan el desempleo, la reducción de la demanda interna, y disminuye el consumo, entrando en una espiral diabólica.

La segunda de la hipótesis, que subrayan las actuaciones gubernamentales, está basada en la corrección de los déficits de la balanza de pagos. Estos, a juicio de los gobernantes, reflejan las divergencias de competitividad entre países. Y para paliar tal situación, se ha apostado por reducir los salarios. ¿Por qué? Porque estiman que apostando por una devaluación interna (recorte de salarios) reduciríamos los costes laborales unitarios; y con ellos ganaríamos un margen de competitividad suficiente. Craso error, máxime en los países europeos del sur, que nunca podrán competir en términos de salarios con otros países asiáticos o africanos. O sea, reduciendo salarios tampoco alimentamos las sendas de la recuperación, sino que agrandamos las desigualdades y deterioramos nuestras oportunidades.

La tercera tesis que argumentan los Gobiernos es que el aumento del paro se produce y se consolida porque existen rigideces en el mercado de trabajo. Para solucionar esta situación se arguye que es preciso flexibilizar el mercado de trabajo, recortar el salario mínimo, modificar la negociación colectiva, disminuir las indemnizaciones por despido; etcétera. Aplicando estas medidas se producirían dos efectos: un mayor drenaje y fuga de nacionales hacia el exterior; y un fuerte deterioro de los niveles de consumo.

La cuarta hipótesis está relacionada con la estabilidad de las actividades y mercados financieros. Se busca que estos estén garantizados. Para ello, se hicieron grandes esfuerzos para rescatar bancos y proporcionar apoyos económicos a los diversos sistemas bancarios nacionales. Todo con la intención de evitar el cortocircuitar el crédito y poder facilitar financiación a la economía real. Sin embargo, el crédito no llega al sector empresarial, ni tampoco se canaliza hacia los ciudadanos. Solo ha servido para sanear la banca con el dinero y el esfuerzo de todos los contribuyentes. Por eso, este estrangulamiento de la cadena económica no está facilitando la salida hacia la recuperación y generación de empleo.

Finalmente, la quinta hipótesis tiene relación con las apuestas políticas europeas. Algunas economías se han empeñado a rescatar a las economías vulnerables después de haber tomado decisiones en su contra. Los llamados Memorandos de Entendimiento (MoU) propuestos por Europa recogen un conjunto de estrategias y objetivos que no solo consolidan las garantías de cobro de las deudas, sino que imponen restricciones (en el campo de los salarios o pensiones, por ejemplo) que no están contempladas ni en los tratados de la Unión, ni en las políticas comunes.

¿Por qué estas amplias contradicciones? Porque da la impresión de que se busca ayudar exclusivamente a los bancos y empujar a los ciudadanos hacia la austeridad y exclusión; aumentando las desigualdades; y retrocediendo en las políticas de bienestar e igualdad de oportunidades.