28 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.
Las víctimas del terrorismo son una fuente de dolor y de emociones inagotable. Sufrieron, sufren y sufrirán, porque aquello que perdieron no lo repara el paso del tiempo. Por ello, el uso partidista de este colectivo tiene doble delito. Con las víctimas no cabe otra cosa que la honestidad. No deben imponer políticas, no deben legislar, pero no pueden ser tratadas según cotice su dolor en la coyuntura de turno.