Las perdices están servidas

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

24 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Rodríguez Zapatero también tuvo su momento de gloria económica, igual que ayer Mariano Rajoy. Fue aquel día en que el Banco de España también certificó que habíamos salido de la recesión porque la economía española había crecido una décima. La diferencia entre Zapatero y Rajoy es que la buena noticia del socialista se vendió mal y no fue recibida con ningún entusiasmo, quizá porque nadie pensaba que aquello durase otro trimestre. Y, efectivamente, no duró. Con Rajoy, en cambio, el clima es muy distinto. Los datos son más sólidos que con Zapatero. Hay un ministro, don Cristóbal Montoro, que se pasa el día diciendo que esto es el final de la crisis y anunciando un comedor lleno de perdices. Y la propaganda oficial presenta la décima del trimestre como una victoria histórica. Tiene razón Rosa Díez: el estancamiento es un triunfo para este Gobierno.

Utilizo este recuerdo del zapaterismo y estas comparaciones para señalar que el dato de crecimiento del trimestre es bueno, pero no hay que pasarse. Importa más la tendencia positiva que se viene observando a lo largo del año que la décima en sí, que es una miseria. La salida de la recesión es un concepto técnico, no algo que palpe el ciudadano en su vida diaria. Para fiarnos de que estamos en el buen camino hace falta un segundo trimestre positivo, una percepción ciudadana de mejora, un alivio en el drama del empleo y una mayor alegría en el movimiento del dinero. Y eso no lo hemos visto todavía. El contento del Gobierno y de algunos poderes económicos es a veces tan exagerado que pierde credibilidad por su falta de conexión con las convicciones sociales.

Y digo algo más: los gobernantes están siendo impúdicos al vender la salida de la crisis. Se apropian del minúsculo crecimiento para decir que es fruto de sus reformas. Ayer mismo, Montoro ponía a España como ejemplo mundial de ajuste, y se refería a su propia política, sin el detalle de agradecer lo que están sufriendo los administrados. Falta la sensibilidad social de pensar en los desahucios, que se siguen produciendo; en la morosidad obligada; en el escalofriante aumento (el 45 %) del número de familias que tienen que comer de los servicios sociales... Se habla de éxito oficial, porque nada repercute en el ciudadano medio. Están contentas las oligarquías, porque ellas sí notan lo de Botín: la llegada de un dinero que tiene toda la pinta de ser la nueva especulación y de comprar barato lo que hasta ahora era nuestro patrimonio...

Fin de la reflexión: estamos ante un final selectivo de la recesión y solo nos podemos apuntar a la esperanza de que la bondad estadística acabe llegando algún día a los contribuyentes. ¿Cuándo? Ni Montoro lo sabría responder.