A sí le apodan. El mago de Oz(il). En septiembre se lio tremenda con él. ¿Cómo es posible que el Real Madrid haya dejado marchar al Arsenal (posible rival en Champions) a ese genio? No tiene piernas. Tiene varitas, no varices. Y unos ojos subacuáticos capaces de ver las corrientes subterráneas que le permitían regalar pases que eran goles empaquetados con un lazo para sus compañeros. Hasta Cristiano Ronaldo, la máquina de marcar, se quejó de su marcha. ¿Cómo no lo iba a hacer si fue el mayor beneficiado de la capacidad de ver la combinación secreta que abre la caja fuerte de las defensas? El Madrid tenía que ingresar dinero para comprar a otra bala del estilo Cristiano, a Bale, pero hacerlo con la venta de Ozil parece cuando menos arriesgado. Es cierto que está Di María, inquieto, puro desequilibrio, y Modric, que tiene calidad, aunque nunca será Cruyff. Ozil debutó a lo grande en el Arsenal. Normal. Es un jugador de los que no se hacen en las fábricas. Es de esos hombres cuyo talento corre como un pez espada por la sangre, lo llevan en el código genético. Se fue del Madrid con récord en asistencias. Más de setenta goles regalados a sus compañeros en dos años. La selección alemana se beneficia de este hombre. Como ahora el Arsenal. Y es que no son muchos los que conocen el nombre de la pelota.