Desde siempre me ha interesado analizar las causas de la pobreza y los niveles de desarrollo humano para ver de atenuar sus consecuencias. Pero, a lo largo de bastantes años de estudio y de verificar numerosos análisis, su cálculo siempre ha sido complejo y, en ocasiones, se advierten muchas dificultades para su estimación. Los expertos han debatido insistentemente sobre ello y no siempre hay acuerdo en la metodología a aplicar. Ello no obsta para poder afirmar, de manera simple, que el cálculo del índice de desarrollo humano agrupa indicadores básicos relativos a la salud, a la educación y al bienestar.
Si analizamos el caso español, el índice de desarrollo humano ha crecido, en los últimos quinquenios, en todas las comunidades autónomas y las diferencias entre ellas se han atenuado. Es decir, estamos ante un proceso de convergencia. Pero, al mismo tiempo, también es cierto, que existe un club de comunidades autónomas más desarrolladas que otras en este ámbito. Son, precisamente, Madrid, el País Vasco, Navarra y Cataluña. Su posición es inercial; esto es, apenas cambian respecto a su posición relativa dentro del conjunto español, subrayando una jerarquía.
Galicia a lo largo de los últimos años ha mejorado. Pasó de ocupar el puesto decimocuarto en el año 1980, a situarse en el décimo lugar en el 2010. Al principio, la crisis no había afectado a los valores de la salud y de la educación; y el patrón de desarrollo humano se iba repitiendo región por región. Sin embargo, la gran recesión económica fue mermando progresivamente la velocidad de convergencia en aquellas comunidades autónomas que necesitan y se ven más demandantes de políticas sociales, como es el caso de Galicia, Asturias o Castilla y León, justamente las ubicadas en el noroeste peninsular y con niveles de desarrollo inferiores a las localizadas en el área mediterránea.
Por eso, las últimas estadísticas, como las elaboradas por el IVIE, reflejan dos conclusiones muy significativas. La primera es que el índice de desarrollo humano ha caído un 4,4 % para el conjunto de España, para el período 2006-2011, en tanto que en Galicia dicha disminución es superior, se redujo el 5,4 %. Y la segunda es que el desarrollo humano se ha visto mermado de manera muy notoria con respecto a los escenarios potenciales de las propias comunidades autónomas, aumentando con ello la desigualdad territorial.
Avanzando un poco más en este análisis sobre el ámbito de la pobreza económica y de la exclusión social, recogemos, a su vez, dos consideraciones muy preocupantes. La pobreza indica el grado de privación relativa a la capacidad de consumo de las familias. Pues bien, en el año 2010 estábamos bastante peor que en el año 2006. Y si la exclusión social la medimos por las tasas de paro de larga duración, en España dicha ratio se ha multiplicado por siete entre el 2006 y el 2013, siendo Galicia una de las comunidades que presentan unas ratios de mayor exclusión social.
En datos, la pobreza económica aumentó un 35 % en 2008-2011, incrementándose de manera muy pronunciada, tanto por el efecto de la pérdida de renta como del incremento del desempleo de larga duración.
Y la pobreza medida en términos de capital humano (educación y salud) también se ha visto incrementada al reducirse las aportaciones presupuestarias dedicadas a las políticas sociales y de bienestar.
Corolario final. Conseguir mitigar la pobreza; corregir las injusticias y desigualdades; y proporcionar las mismas oportunidades a todos los ciudadanos continúan siendo objetivos claros y programáticos. Ojalá se instrumentalicen aquellas medidas acordes a los mismos. Si no fuera el caso, está claro que no llegaríamos a lograr éxitos, ni podríamos pensar, ni crear un futuro más justo, seguro y sostenible.