T iene nombre de artista. De escritor. De escritor peculiar. Es Use Lahoz, con apenas treinta y bastantes años, una de las promesas de la nueva narrativa española. Empezó con fuerza con una saga familiar, Los Baldrich. Y se confirmó, nunca mejor dicho, con La estación perdida. Ahora ha pegado el golpe definitivo con su tercer trabajo. Ha ganado uno de los premios con más bolsa, el Primavera de novela. El libro se titula El año en el que me enamoré de todas. Y Use Lahoz enhebra con habilidad dos narraciones distintas. Lahoz es autor que sabe ser lírico sin perder el hilo de las historias. Tiene ese punto justo de escribir bien sin dejar de contar. Hace frases para nota, los amores inconclusos siempre tienen algo de perfecto, y te obliga a no dejar de pasar páginas. En su último trabajo narra la vida de un joven parisino que llega a Madrid para vivir la vida y, al tiempo, cuenta la historia de una saga de pasteleros que el joven parisino va leyendo en un manuscrito que encuentra en la ciudad. Lahoz no es dado a ser sórdido. Es amable. Y, como la saga de pasteleros, los sucesos siguen un reguero dulce de azúcar, con una melancólica música de fondo. Es una lectura apetecible, acaramelada, para estos tiempos de calor. Lahoz quiere rellenar ese crucigrama del que nunca se cubren todas las respuestas: el de los sentimientos.