L a caída de la prima de riesgo de la deuda pública española es el argumento central del Gobierno Rajoy para intentar esconder el fracaso de su gestión económica. Dos años en recesión con una caída acumulada del 3,5 % del PIB, la destrucción de una buena parte de nuestra estructura productiva , la pérdida de 1,5 millones de empleos y el aumento insoportable de la ya larguísima cola del paro en un millón de personas más hasta superar, bajo su Gobierno, los 6 millones de parados son demasiados fracasos para querer ocultarlos detrás de la prima.
El problema para Rajoy es que este argumentario está lleno de falsedades. Porque la prima de riesgo no es un buen indicador de la salud económica. Ni antes, cuando estaba disparada, ni ahora, cuando se ha reducido. Y no lo es porque el diferencial en el tipo de interés de la deuda lo mueven unos pocos agentes económicos, algunas decenas como mucho, que además obtienen enormes beneficios en esas operaciones.
En segundo lugar, porque cuando en enero del 2012 Rajoy llegó al Gobierno la prima de riesgo española estaba en 323 puntos básicos y en 500 en Italia. Seis meses después, en julio, la prima española se dispara hasta su máximo histórico de 649 puntos mientras que la italiana se quedó en 520.
En tercer lugar, si Rajoy no fue el responsable de este diferencial tampoco lo es de la bajada hasta los 250 puntos básicos. Ni es mérito suyo ni tiene que ver con una supuesta credibilidad recuperada de la economía española. Porque la prima italiana se ha reducido a la mitad y está al mismo nivel que la española, la de Portugal se ha reducido en más de 500 puntos y la griega, que sigue en niveles inaceptablemente altos, se redujo en 1.777 puntos básicos.
No hay ningún comportamiento diferenciado y virtuoso de la economía española que se pueda atribuir el Gobierno, solo compartimos un proceso generalizado a todos los países del sur de Europa. La palabra que explica este viaje hacia arriba y hacia abajo es la especulación. Porque lo que está detrás de las tensiones del verano del 2012 fue un brutal ataque especulativo contra las economías más débiles del euro que reportó ingentes beneficios a los fondos de inversión y a la gran banca. Ataque que contó con la necesaria complicidad de Merkel y el BCE, porque sobre esta presión de los mercados de deuda impusieron su política de austeridad extrema. Negocio redondo y sin riesgo para los especuladores que duró hasta que se acercó peligrosamente al riesgo de provocar la implosión del área euro. En ese momento el BCE, con el permiso del Bundesbank, paró el juego. Cuando Mario Draghi dijo el 26 de julio del 2012 que el BCE haría todo lo necesario para preservar el euro, los especuladores dieron por terminado uno de los episodios más escandalosos y obscenos de especulación financiera contra Estados soberanos. No es la prima de Rajoy, sino la de Draghi, que primero la dejó subir y después la bajó.