Sáenz de Santamaría, De Guindos y Montoro cada vez se parecen más a los tres tenores. Cuando actúan juntos llenan la sala, se reparten los papeles según el guion y nunca desafinan. Si toca canto lúgubre, como tocó el pasado 26 de abril, son capaces de hacer llorar a todo el patio de butacas. Si toca allegro, ponen cara de creérselo y les sale a la perfección. Ayer era un allegro ma non troppo, y decidieron titular su concierto como «los presupuestos de la recuperación». Cantaron a coro, mientras la orquesta ejecutaba un «no subiremos los impuestos» y un «son unas cuentas rigurosas», que es la música de siempre.
En todo presupuesto hay siempre unos beneficiados y unas víctimas. Los beneficiados todavía no los tengo claros. Podríamos ser usted y yo, si es cierto que no se destruirá más empleo. Las clarísimas son las víctimas: por cuarto año consecutivo, los funcionarios, que ya cuentan en miles de euros lo que han perdido de capacidad adquisitiva y de dinero contante que dejan de percibir. Son un objetivo fácil: basta echar mano del Boletín Oficial del Estado, sin esperar a la evolución de los mercados. Pero es un golpe para toda la economía: el personal público supone casi el 20 % de las personas que trabajan. Congelar sus sueldos significa cerrar una oportunidad al consumo, y sin consumo se hace más difícil la recuperación. Supongo que harán con ellos como con los impuestos: dejar las buenas noticias para el año 2015, no sea que vayan a votar a los socialistas.
Después, son las cuentas de una familia empeñada hasta las cejas. Pensar que tenemos que pagar 36.000 millones de euros en intereses de la deuda hace inviable al mismísimo Estado de bienestar. ¿Cómo no va a haber copagos, cómo no mantener los recortes si el coste de la deuda es superior al gasto de todos los ministerios juntos? Esto es una barbaridad. O se reduce ese importe, o seguiremos haciendo sacrificios, con Hacienda hurgando en nuestros bolsillos, por mucho que nos prediquen la feliz llegada de la bonanza.
Y, por último, quisiera hacer una referencia a las reacciones que los presupuestos han provocado. Los tres tenores actuaron en el entorno de las dos de la tarde. Una hora después los telediarios ya mostraban a don Cayo Lara en una descalificación total de las cuentas públicas. Asombrosa la capacidad de nuestros líderes para estudiar en minutos lo que ha costado meses a centenares de funcionarios. Acongojante su capacidad de discernir las previsiones realistas y las que son fruto del voluntarismo. Sensacional su capacidad de análisis de unos números que los más serios economistas tardarán semanas en digerir. Algunos políticos son tan sagaces y universalistas que parecen tertulianos.