Como el atardecer ilumina el mármol rosáceo del Duomo en Parma. Ese mármol veronés. Parma, donde el viento es ligero. La punta de la torre Eiffel que se clava en el cielo de París, un cielo por una vez de un azul infinito. Como un poema de Valéry, pero sin mar. Punta Sabbioni entre brumas por la mañana temprano. Punta Sabbioni es ese dedo que señala el Lido en la laguna de Venecia. Las ruinas del foro de Roma que ya anunciaban cómo iba a estar Europa. El mecano del reloj de Praga. Lisboa, siempre Lisboa. El Tajo que lame las escaleras al lado de los ferris. El encanto de los tilos en Berlín. Nunca llegaréis a la ciudadela medieval alucinante, como una visión, de Carcasona. El Mediterráneo incendiado en Malta, donde los caballeros de la cruz y la promesa de las espadas. Las dos decepciones por el tamaño del Manneken Pis en Bruselas y de la sirenita en Copenhague. La caldera de Atenas, como Sintagma de un continente herido o a la deriva. Postales de una Europa que existe o que desiste. Postales de un continente con solo un contenido de pasado. ¿Es eso lo que queremos?