El otoño

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

22 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El inicio del otoño no lo marca, como pudiera creerse, la hecatombe de los Juegos Olímpicos de Buenos Aires, con Ana Botella recitándole en inglés poemas a la Virgen. No lo marca siquiera la derrota del baloncesto contra Francia. La llegada del otoño viene de la mano de una luna grande y roja y un calorcillo que, tras el mejor verano del último medio siglo, parece un postre de crema después de un banquete. Cuando, hace ya muchos más años de los que me merezco, llegué por primera vez a Londres, al barrio residencial de Wimbledon, comprendí que el nivel de riqueza de los pueblos se demuestra yendo al pub en bicicleta -y a veces cruzándote un zorro en tu camino-. Eso era el verdadero lujo. Por eso creo que debemos abandonar nuestra tendencia al evento, nuestra afición a la épica y a la gloria. Y volver la mirada al otoño, que significa la vuelta a la realidad. A la introspección. Y a la lectura. Mientras desde la televisión nos bombardean con el triunfo desaforado -en la música, la cocina o simplemente la fama sin paliativos, porque sí-, creo que debemos apagar un poco el cacharro y dedicarle algunas horas a Felícito Yanaqué, que un día recibe en sus oficinas de Transportes Narihualá, allá en la lejana Piura, un anónimo firmado con el pequeño dibujo de una araña. Esa historia que nos cuenta la recién aparecida novela de Mario Vargas Llosa titulada El héroe discreto. Por poner un ejemplo. Y dejen ustedes que el verano se vaya tranquilamente, como cantaba el Dúo Dinámico.