¿Qué esperan millones de españoles, desde hace meses, de Rajoy y Rubalcaba en relación con el desafío separatista catalán? No hay que ser un lince para dar con la respuesta: esperan que los líderes de los dos grandes partidos nacionales se pongan de acuerdo de una vez y le aclaren a Mas, conjuntamente y sin ningún género de dudas, que en Cataluña no va a celebrarse el referendo de autodeterminación que, por completo al margen de la ley, ha prometido el presidente de la Generalitat.
En lugar de eso, Rajoy está como agachado confiando en que su perfil bajo favorecerá la posición del Estado y acabará por enfriar los ánimos del secesionismo catalán. Craso error, cuyas consecuencias podrían ser letales. La única forma de desinflar el globo al que Mas le insufla aire cada hora, esperando servirse de él para ascender a lo que considera el séptimo cielo de la soberanía nacional, es decir con claridad lo que, puesto en el caso de Rajoy, afirmaría cualquier gobernante democrático: que no habrá referendo porque Mas no puede convocarlo, al carecer de competencias para ello, y porque ni el PP ni el PSOE lo van a convocar, sea cual sea de los dos el partido que gobierne.
Es para dar a esa respuesta la absoluta certeza que precisa para lo que la claridad en la posición de Rubalcaba y el PSOE resulta de todo punto indispensable. Pero, contra la lealtad más elemental, Rubalcaba ha decidido dejar solo al Gobierno, por espurios intereses de partido, en este gravísimo asunto, utilizando para ello la memez de que frente al separatismo hay que oponer la alternativa de un Estado federal. Una memez que lo es por dos razones: porque España es ya un Estado federal; y porque lo que nuestro federalismo necesita para mejorar y parecerse más a los otros existentes en el mundo es todo lo contrario de lo que quieren los nacionalistas catalanes; o sea, más coordinación política, más cohesión territorial y más colaboración institucional.
Y así, frente a la campaña de manipulación de la opinión pública que Mas lleva impulsando sin desmayo desde hace muchos meses, los dos partidos nacionales que tienen la responsabilidad de poner fin de una vez a esa locura aparecen enfrentados, acusándose el uno al otro de hacer lo contrario de lo que exigen las graves circunstancias que atraviesa hoy nuestro país.
Lo peor de todo es que Rajoy tiene razón cuando llama a Rubalcaba desleal, como la tiene Rubalcaba cuando tacha de timorato al presidente del Gobierno. Uno y otro no están donde debieran en el momento más inoportuno que cabría imaginar. Pues donde debieran estar es en una posición común frente al independentismo transmitiendo a Mas en voz bien alta lo que tienen no solo el derecho sino el deber de decirle de una vez: que se olvide de su referendo porque su referendo no va a tener lugar.