Lección de independentismo


Lo ocurrido ayer en Cataluña no es, naturalmente, lo que nos gusta. Lo que supone para el futuro de España es un grave desafío, porque da alas a un independentismo envalentonado, cuyo segundo jefe, el señor Mas, tiene un programa de tres simples pasos: referendo, transición nacional y nuevo Estado catalán. La diferencia con el Estado español es que los soberanistas catalanes saben lo que quieren, tienen discurso para conseguirlo, inventan injusticias con desparpajo y ofrecen un ideal nacional que gana adhesiones cada día. La última encuesta, efectuada y difundida ayer por la cadena Ser, habla de un 52 % de partidarios de la independencia. En el brevísimo plazo de un año el número confesado de independentistas se ha duplicado.

Esa es la doliente realidad, y no creo que valga la pena recrearse en buscar culpables. Lo que hay que hacer es buscar soluciones, si existen. Hace unos días se vio una mínima luz en el encuentro discreto entre Mariano Rajoy y Artur Mas. Ayer, en la Diada, se ha visto todo lo contrario: dominio absoluto de las banderas secesionistas, palabras de exaltación nacional catalana, tono de despedida de España y entendimiento de la cadena humana como un mandato popular para que se haga la consulta dentro o fuera de las leyes y con o sin el consentimiento del Gobierno central. Y la alternativa de Mas es todavía peor: si no hay esa consulta, elecciones plebiscitarias para proclamar el Estado catalán al día siguiente.

Nunca la integridad territorial amaneció tan amenazada como esta mañana. ¿Cuáles son los poderes y valores democráticos frente a esa fiebre? Cada día menos. El PSC, que podía ser un baluarte, pasa sus horas más críticas también con su corazón partido. El PP es una fuerza irrelevante, Ciudadanos es insuficiente y encima todos ellos están enfrentados. Y, sobre todo, esa cosa tan intangible que se llama moda presenta la independencia como la salvación y la consulta como sinónimo de democracia. Sin consulta, Cataluña es un pueblo oprimido.

Asombra lo simple de los mensajes, que por eso son tan eficaces. Parece que el independentismo no tiene un Estado enfrente, sino simples observadores de lo que hacen Mas y Junqueras. Pues bien: sépase que la cadena llamada Vía Catalana ha sido un gran éxito ayer. Sépase que el independentismo sale fortalecido. Y sépase que Artur Mas no puede volver a la Moncloa sin llevarse una autorización para la consulta. Visto lo de ayer, se estrecha el escenario político de soluciones. Y me temo que cada día que esas soluciones se retrasen, todo será mucho peor. Solo por un detalle: porque el independentismo sabe crecer y el Estado no lo sabe contener. Así de simple, por no decir así de tonto.

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