Declaración de guerra

F. Fernández de Buján LA GOLETA

OPINIÓN

El mundo contiene la respiración. El ataque de EE.UU. a Siria compromete la paz universal. Obama afirma que solo se trata de una «acción militar». Al no presentarse formalmente como una guerra, el presidente tiene potestad, como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, para decidir por sí solo. No obstante, ha solicitado el parecer del Congreso. Ahora bien, es una mera consulta y podría no respetar su decisión. Si fuese una declaración de guerra, la Constitución le atribuye la competencia al Congreso.

En la Roma republicana, una ley de bello indicendo otorgaba al Comicio la potestad de declarar la guerra. Los cónsules, máximo poder ejecutivo, debían contar necesariamente con la aprobación popular, pues el Comicio es la asamblea de ciudadanos con derecho de voto y eran estos quienes decidían. Es la democracia directa y no representativa. Además, se requería que un colegio sacerdotal, denominado de los Feciales, declarase bellum iustum al constatar que existía una causa justa y que se había realizado un previo intento de mantener la paz. La guerra que deciden los gobernantes la sufren gravemente los pueblos. No es, pues, lógico que su opinión sea meramente consultiva, y menos aún que no sea respetada. Si Obama fuese cónsul en Roma, no podría declarar la guerra a Siria.