Un antes, un después

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

Ayer no fue un día cualquiera. Se cumplía un mes del accidente de Angrois. El 24 de julio marcará para siempre muchas vidas, con dolorosos aniversarios. Un mes, un año, otro... Será el antes y el después. La maldita hoja del calendario que nadie hubiera querido arrancar así. Queda para siempre su filo hiriente. Y también la evidencia de que no se pueden dejar nunca más decenas de vidas en dos manos, las de una sola persona. Equiparar el descarrilamiento de Santiago a un simple atropello por un despiste o a la muerte inesperada provocada por un desafortunado resbalón es olvidar el hecho de que en aquel tren viajaban más de doscientos pasajeros en un medio de transporte de alta velocidad al que se le supone la tecnología más avanzada. También en materia de seguridad. No solo es cuestión de azar, del taimado destino que se torció al tomar la curva de A Gradeira. En este mundo y en estos tiempos existen controles, sistemas medios. Más allá de responsabilidades penales, muchas cosas deben cambiar. Porque la lección no ha podido ser más dura.