¿Para qué sirve la ética?


Así se titula el último libro de Adela Cortina, cuya lectura acabo de finalizar. Se lo recomiendo. Con un lenguaje sencillo y ameno (¡qué envidia!) da respuesta clara al interrogante: para abaratar costes en dinero y sufrimiento en todo aquello que depende de nosotros, e invertirlo en lo que vale la pena, sabiendo priorizar; para intentar forjarse un buen carácter, que aumente la probabilidad de ser felices y justos; para recordar que los seres humanos necesitamos ser cuidados para sobrevivir y que estamos hechos para cuidar a los cercanos, sin olvidar que tenemos la capacidad de llegar hasta los lejanos, creando vecindarios nuevos; para recordarnos que es más prudente cooperar que buscar el máximo beneficio individual caiga quien caiga; para realizar el sueño de una sociedad sin dominación, en la que todos podamos mirarnos a los ojos sin tener que bajarlos para conseguir lo que es nuestro derecho; para construir una democracia que realmente sea el gobierno del pueblo; para ser artesanos de la propia vida.

Para todo eso hace falta no solo poder, sino sobre todo querer de verdad hacerlo. Para todo eso sirve la ética. Para ser cabales. Como dijo Perich, «dicen que la velocidad de los vehículos en carretera depende de caballos en el motor, yo creo que es cuestión de burros al volante». Seamos listos.

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