Los ingratos, los no gratos

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

22 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

En esta chusca situación a la que nos han conducido las ciudades-estado del impaís gallego (préstamo de Xavier Alcalá) donde nadie manda y todos hacen o dicen que hacen, se ha puesto de moda una nueva forma de hacer política: declarar por parte de los gobiernos de tales ciudades a dirigentes políticos como personas non gratas. Como no podía ser de otra forma, tamaña añagaza, de bajo coste y escaso efecto en la solución de problemas, solo es útil como señuelo propagandístico para consumo de aldraxados o quizás como exorcismo, frente a hipotéticos ataques por responsabilidades derivadas de un correligionario político. Se estrena al amparo del naval de Vigo, el tax-lease, y el comisario Almunia. Pero en este país nuestro ninguno de los señores de las ciudades-estado se queda atrás.

Y en este no quedarse atrás, hasta la ciudad del Apóstol y capital de Galicia, que durante largos años tuvo alcaldes europeos o cuando menos gallegos (Cidade da Cultura aparte), el nuevo alcalde popular de mi ciudad de los picheleiros se apuntó al bombardeo de los non gratos. En efecto bumerán con la ciudad de Vigo, pionera en esta añagaza por más que su alcalde sea un fortalecido dirigente del partido socialista. Y entre tontos anda el juego, dejando que todos nos entretengamos con los ingratos, los no gratos aprobados e incluso las amenazas del baldón de futuros ingratos.

Todo este galimatías de afrentas y de reivindicativo igualitarismo -con razón y sin ella- no es de ahora. Los ingratos y no gratos son versión actualizada o secuela de aquellos años de viguismo y coruñesismo que tan duramente nos han marcado en el devenir del impaís. Si para los de Vigo viajar en avión significa tener pase pernocta para ir a Barcelona y ahora incluso a Madrid, dadas las imposibles conexiones de ida y vuelta en el día, o recorrer cien o ciento cincuenta kilómetros por carretera para tener algún vuelo razonable, ni Santiago ni A Coruña -subvención por medio incluida- están mucho mejor.

Pero precisamente porque Galicia no existe para las ciudades-estado y sus dirigentes -no me atrevería a decir que tampoco para la mayoría de sus habitantes- seguimos sin conexión de velocidad alta en el eje atlántico, ni cercanías, ni estación de ferrocarril en Lavacolla, ni residencias universitarias que sustituyan a tal multiplicidad de titulaciones repetidas, o que alguien pueda pretender, sin que nadie lo remedie, colocar residencias de mayores en tierra de nadie, por más que la parroquia sea Santa Mariña de Guitiriz, de nieblas y frío, la tundra, sin más conexión que el automóvil particular, al lado de la cárcel de Teixeiro.

Por ello no me extrañaría que la próxima campaña electoral para las municipales se asemeje a aquella que tanto me sorprendió en un lejano noviembre de 1973, desarrollada bicicleta en ristre por las calles de Vigo por Antonio Nieto Figueroa, aquel esforzado ciudadano y viguista -él sí-, que buscaba plaza de concejal por el Tercio Familiar, en época de Familia, Municipio, Sindicato y Ley Orgánica del Estado. Un avance.