Tarea de Rubalcaba

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

Y a sé que no está de moda defender a Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE, pero no es tan difícil hacerlo si se mira el currículo o historial de quienes en su partido se alzan frente a él con menos audacia o visibilidad de la deseable. Se trata en general de derrotados o resentidos como el madrileño Tomás Gómez, la catalana Carme Chacón o el gallego en retirada Pachi Vázquez. Porque la realidad es que, con José Blanco autoexcluido, al PSOE no le sobra banquillo, y no debiera de ser así en un partido histórico tan relevante, por no decir indispensable. Un partido que en estos momentos encarna la alternativa con demasiadas incertidumbres y perplejidades.

Yo sigo defendiendo a Rubalcaba por su brillante trayectoria en el partido y en el Gobierno, primero con Felipe González y posteriormente con Zapatero, aunque en su etapa de vicepresidente con este último ya se puedan visibilizar algunas sombras. Era también el hombre adecuado para suceder al leonés al frente del PSOE y no tengo la menor duda de que cualquier otra opción hubiera sido peor.

Pero los tiempos fueron pasando y Rubalcaba se ha ido extraviando en delicados equilibrios, a veces innecesarios o simplemente confundidores. Es verdad que cogió el PSOE en uno de sus peores momentos desde 1977, pero también lo es que se esperaba mucho más de él y de sus reconocidas habilidades. El tiempo se ha encargado de demostrar que no se puede remar a contracorriente sin una organización sólida, firme y bien trabada. A Rubalcaba le han crecido los enanos políticos y él no ha querido jugársela en los envites de algunos pesos ligeros que, en verdad, no le hubieran resistido ni un asalto. Ahora la cosa está más complicada, porque el secretario general del PSOE no se ha impuesto cuando debía y está rodeados de unos supervivientes que se las dan de grandes líderes (Tomás Gómez, Chacón o los embrolladores del PSC). ¿Qué puede hacer hoy Rubalcaba? Lo que debía haber hecho de salida: establecer un claro liderazgo en el partido y sacarse de encima a los enredadores. Para ello quizá debería intentar recuperar cuanto antes a José Blanco, que conoce el partido como la palma de la mano.