Rajoy y la horrible palabra

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Si consultan el diccionario, sabrán que «resiliencia» es un vocablo polisémico que posee numerosos significados. Todos parten del latín, esa asignatura necesaria que algunos políticos innecesarios se encargaron de h en la escuela. Como la literatura, filosofía, religión o historia universal: ahora, correctísimos, pensamos que la historia más relevante es la del mito local y que la religión (católica) es el opio del pueblo; y no la ignorancia, incultura, desidia o pereza. Pero no es esta mi diatriba de hoy. Hoy, Rajoy: en pareado sonoro. Don Mariano se trata con la horrible palabra «resiliencia», o sea -disculpen los físicos la mengua semántica-, propiedad que otorga a los cuerpos más fortaleza después de un impacto. Ahí lo tienen, al gallego Rajoy, del que yo he presumido (por gallego, precisamente) resistiendo contra aquellos que veían y ven en él al Leviatán. Rajoy no se levanta nunca, porque nunca se cae. Se mantiene ejerciendo el tancredismo, que perfiló Pío Baroja en La Busca: perenne, hierático, enhiesto. Las navajadas de «conmilitones» lo han hecho más fuerte. Y las de algún periodista capitalino, también quien escribió «España a horas del rescate», lo blindan. Remato optimista: hace un año, cuando aquel dijo que nos rescataban ya, el riesgo país se situaba en 600 puntos; hoy amanecimos en 281. Resiliencia (y paciencia), Rajoy.