Se venden periódicos


Decía Ben Bradlee, el mítico director del Washington Post, que el gran periodismo americano siempre estuvo ligado a empresas de carácter familiar. La afirmación puede generalizarse al mundo entero, porque así ocurrió, especialmente en las dos Américas y en Europa. Desde luego, en España.

La venta del Washington Post a Jeff Bezos, el multimillonario fundador de Amazon, confirma que los periódicos aún pueden venderse y no solo cerrarse, y que la gente con perspectiva aún cree en el periodismo: John Henry acaba de adquirir The Boston Globe y el año pasado Warren Buffett compró varios periódicos locales.

Pero lo más interesante en la venta del Post es que no lo compró Amazon, sino Bezos, una persona con talante de editor, en la línea que un columnista de Slate atribuye a las clásicas familias propietarias de periódicos: «Aunque quieren tener beneficios, sobre todo tienen periódicos porque quieren tener periódicos y porque poseen una visión periodística. Y esa visión es importante también desde el punto de vista económico. A la gente no le gusta que sus relaciones con el médico se parezcan a las que mantiene con el vendedor de coches usados, y por la misma razón prefieren recibir las noticias de gente que cree en las noticias».

El negocio de los periódicos consiste en identidad y pertenencia a una comunidad. No se reduce a transacciones mercantiles. El éxito de las familias editoras radicaba en que preferían la influencia a la mera rentabilidad, porque les gustaba más hacer periódicos que hacer dinero e invertían en periodismo y en periodistas: no dependían de accionistas anónimos en busca de dividendo inmediato. Bezos, tampoco.

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