Las imágenes del dolor

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

El cerebro es obstinado. Repite una y otra vez el vídeo del tren que llega a la curva y se sale de los raíles como si se saliese del mundo. Te asalta cuando menos lo esperas. Ves el tren y se disparan las otras imágenes. Las que hemos vivido por televisión tantas veces con distancia cuando hay muchos kilómetros y que ahora, al suceder a nuestro lado, nos parecen inabarcables. Imposibles de medir. La cercanía es una lupa. Un tren que al otro lado del planeta te parece terrible aquí es un volcán de dolor. Una pena que parece que no se supera ni con lágrimas. Unas escenas tiran de las otras y se repite la película del dolor. Los vecinos y las emergencias unidos intentando taponar la herida inmensa de doscientos seres humanos que saltaron por los aires en un segundo. Un segundo es un abrir y cerrar de ojos. Así de frágil es la condición humana. Estos sucesos nos recuerdan lo mal que medimos el tiempo, la única moneda que tenemos mientras dura. Lo que gastamos de verdad. Los ojos se cierran y ahí sigue ese escenario lunar, donde el drama se expresó con una crudeza que nadie se merecía. El absurdo calendario de la fatalidad.