El recuerdo y el olvido nos atan. Cuando Brecht se ponía comprometido, recordaba que Stalin encarnaba la esperanza de trabajadores y oprimidos (la frase es de Brecht, no mía) y olvidaba sus viajes en limusina por Estados Unidos o su vida de alto burgués, clase social que detestaba. A Sartre, el compromiso le dio frases lustrosas: «Viva el exterminio de los burgueses» y «el anticomunista es un perro». Sus ojos desviados se curvaban cuando le citaban a Camus, que era más escritor que él. Por Camus, digo yo, rechazó el Nobel: no soportaba que el autor de El extranjero lo hubiera recibido antes. El compromiso se usa por parte de la izquierda en función de los propios intereses. Eso le sucede a Almunia, que parece estar muy comprometido con la ley europea y muy poco con los astilleros españoles, gallegos en particular. Su compromiso con la ley es sorprendente: hoy dice una cosa, mañana otra distinta. Incluso pervierte su función de comisario y se dedica a hacer declaraciones de joven político socialista andaluz, sin ser joven ni andaluz (¿Escucharon a Susana Díaz, sustituta de Griñán? ¡Espanto!). El que solo tiene un compromiso, con Galicia y el naval, es Feijoo. Lo tenía también cuando el primer día de la campaña autonómica lo encerraron los comprometidos de la izquierda en un hotel de Ferrol. Almunia no es Feijoo. Su compromiso es mentira.