Pachi

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

A mediados de los noventa, Pachi Vázquez era el alcalde de un pueblo de Ourense con bastantes probabilidades de que sus merodeos políticos apenas se alejaran unos kilómetros de la cuenca del Arenteiro. Tenía entonces Galicia una democracia tirando a jurásica. Fraga ejercía un granhermanato huracanado con una penetración tan eficaz que el inconsciente ciudadano lo visualizaba como un líder vitalicio enrocado en la Xunta con la misma disposición férrea que había exhibido como ministro de Franco. Las elecciones eran una consulta formal a la voluntad del pueblo pero en el Ourense rural que nos ocupa si una escrutaba esos comicios con espíritu crítico y la distancia necesaria, brotaba enseguida la inquietante sensación de que se practicaba el juego sucio con la cínica aprobación de quienes de repente necesitaban los votos para seguir en el poder. En este mundo en el que los liderazgos seguían siendo del maestro, el cura, el secretario del ayuntamiento y el presidente de la cooperativa, Pachi rachó con su nuevo socialismo. Despojado de compromisos marxistas, desalojado su discurso de dialécticas y materialismos históricos, el alcalde de O Carballiño llegó al PSOE por descarte. Encontró el hombre su alma roja tras enterrar al CDS y, porfían algunos, después de recibir un portazo del PP de Baltar que encontró en aquel médico espabilado razonables y amenazantes parecidos con su encarnación del caciquismo. Así que Pachi empuñó la rosa, le arrancó los pétalos encarnados y se dijo: viva el poder, abajo la ideología, en lo que parecía una práctica adaptación finisecular de aquel viva la muerte, abajo la inteligencia del feroz Millán Astray. Todo un visionario.