Con Navas, el Manchester City garantiza que siempre que juega habrá luz en la banda. Navas es un extremo que electrifica la zona por la que pasa. Es una corriente. No un jugador. Txiki Beguiristáin no creía que el joven hubiese madurado hasta el punto de atreverse a dejar su Sevilla de toda la vida y marcharse a la aventura fascinante de la Premier. Ojalá le vaya genial a este futbolista que en un mundo en el que se oculta todo, él no tuvo problemas en reconocer que la ansiedad le venció cuando empezó a triunfar en los campos. Pero aquel Navas ya no existe. Lejos está el crío que tuvo que dejar una concentración de la selección sub-20 porque no sabía estar sin su familia. Su familia viajará con él a Manchester, lo que es bueno. Así, por si acaso, se sentirá arropado. Pero desde que Del Bosque decidió apostar por Navas el jugador ha sabido adaptarse a todo. Lo dijo muy bien Del Bosque: «Si tuvo algún problema, ya pasó». Beguiristáin pagó 21 millones por la velocidad en el extremo. Y el vasco sabe muy bien lo importante que es jugar pegado a la banda, abrir el campo, cuando los partido se ponen imposibles. Y Navas es experto en que los goles lleguen desde los extremos, como en el fútbol de toda la vida.