Mentecatos

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

La atrabiliaria peripecia protagonizada por Evo Morales a cuenta de Snowden constata cuán chusca pueden ser la diplomacia y sus cosas. Suponemos que las altas instancias son justo eso, seres humanos superiores en inteligencia y predisposicion a los que encomendamos el gobierno del mundo por ser ellos los mejores. Pero no. Además de una crisis económica estamos en pleno ataque de incredulidad, atrapados en una especie de ateísmo social de naturaleza parecida al que golpea a los adolescentes cuando por vez primera miran a sus padres y perciben ese rictus de ser mortal que hasta entonces confundían con el ademán irresistible de los dioses.

Va a ser cierto que cuando los directores del mundo se reúnen hay entre ellos la misma proporción de mentecatos que en su comunidad de vecinos; el mismo reparto de majaderos, lerdos y botarates que en su familia; el mismo desequilibrio entre inteligencia y memez que observa en su trabajo.

En todos esos ámbitos las cosas fluyen a pesar de todos esos memos que no saben hacer la o con un canuto. Desengañémonos. Una parte de los que deciden por nosotros no están capacitados para hacerlo. Siempre habrá un embajador al que se le ocurra la ilustre majadería de pedir al presidente de un país que lo invite a un cafelito para levantar los asientos del avión y comprobar si entre la mascarilla de oxígeno y la bolsa de papel en la que se vomita, asoma el dedo peligroso de este chaval al que deberíamos agradecer que nos hubiera puesto encima de la mesa la zafia y delictiva obsesión de Estados Unidos por grabar hasta el sonido de nuestras letrinas.