La mejor manera de no perder la ilusión es no dejar de buscarla. Jonás Trueba tiene piel de celuloide. Hijo y sobrino de cineastas, él ya es autor de dos películas. En la primera prometía con una balada sentimental muy personal que se titulaba Todas las canciones hablan de mí. En la segunda, que responde a Los ilusos, la crítica lo ha aplaudido a lo grande. Los ilusos es película y libro. Es una historia muy curiosa, una ficción documental, sobre lo que hace y piensa un director entre película y película. Es como si exhibiese su vida, sus ratos muertos, su ocio. Y, entre el tiempo se consume, otro tanto hace la vida. Con sus amores y sus desamores. Jonás Trueba está defendiendo su película por España adelante. Son apuntes sobre rodar, sobre el suicidio, sobre existir, sobre querer. Es como una colección de pequeños instantes que se convierten en pura vida que quema en la retina del espectador. Como filmar sin trampas. Y el decorado, que es otra vez Madrid, como en su primer filme, respira como algo humano. Son jóvenes que ama el cine y que aman amar. Jonás Trueba ya lo decía citando a Pessoa en su opera prima: «Los que escriben cartas de amor son ridículos. Pero son mucho más ridículos los que jamás han escrito una carta de amor».