En Internet se da la paradoja de que algo que es tan instantáneo tiene además una memoria férrea. Así sucede que un personaje que hace un gesto hace meses permanece en el foco de la actualidad, en este caso para bien, durante mucho tiempo. El atleta Iván Fernández Anaya todavía concede entrevistas para los medios por algo que hizo en diciembre del año pasado. La verdad es que su detalle es digno de que tenga eco. Iván fue durante todo el cros de Burlada, Navarra, detrás del keniano Abel Mutai (nada menos que un medallista de bronce en los 3.000 obstáculos en los juegos de Londres). Pero, al aproximarse a la meta, Mutai se confundió e interpretó que ya había llegado una decena de metros antes de la meta real y se paró. Iván Fernández no daba crédito. No podía ser verdad. ¿Qué hacía Mutai? En seguida Iván se percató de que Mutai había creído que la meta era allí. Y, cuando llegó a su altura, en vez de rebasarlo se paró para explicarle que aún le faltaban unos metros para la meta. No le adelantó. Mutai alucinó y llegó el primero. ¿Cuántos habrían hecho lo mismo? Iván dice que no lo dudó. No se quería aprovechar de un error. Es lindo que en el deporte, a veces tan contaminado, todavía haya espíritus limpios.