Lean con atención. «Nadie podrá probar que no son inocentes». Lo dijo Mariano Rajoy en abril del 2009 refiriéndose a Bárcenas y Galeote. No dijo que fueran dos angelitos bajados de las alturas. Dijo que no se podrían probar sus desmanes y fechorías.
Por eso algunos no levantamos la copa ante la estancia en Soto del Real del tesorero «ejemplo de profesionalidad y decencia», a decir del pensador Arenas. Aunque nos reconforta que haga peinetas en Soto del Real, queremos que se vaya al fondo de la cuestión.
Porque ¿alguien a día de hoy tiene dudas de que el PP pagó en cinco años 28,5 millones de euros en sobresueldos a sus dirigentes? ¿Alguien se cree que los 48 millones guardados en Suiza son exclusivamente del tesorero y que se puede mover tal cantidad sin colaboración alguna? ¿Queda aún quien crea que los mayores grupos constructores y de servicios acceden a los grandes contratos sin contraprestación? ¿Existe algún inocente que piense que los populares se financian con el maná que les cae del firmamento?
Hasta hoy el tesorero resultó ser un tesoro para esa manada de aprovechados que no tuvieron empacho en llevarse dinero a manos llenas mientras empobrecían al país. Y el objetivo del juez Ruz es ponerlo todo al descubierto. Aunque lo mismo tenemos que ampliar la hospedería de Soto del Real.