Pórtico y la crisis de demanda

Manuel Lago
Manuel Lago EN CONSTRUCCIÓN

OPINIÓN

21 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

La difícil situación por la que está pasando la empresa gallega Pórtico refleja de forma precisa casi todas las causas y los efectos de la dura crisis empresarial y laboral que estamos sufriendo. Pórtico es una empresa que tiene casi cincuenta años de existencia, que se dedica a la venta de muebles y objetos de decoración y, por lo tanto, muy dependiente del gasto de las familias. Es una empresa bien posicionada en su sector y en la década pasada experimentó un fuerte proceso de crecimiento en instalaciones y empleo hasta llegar a una plantilla próxima a las 600 personas.

En ese proceso de expansión tuvo un papel destacado la inversión de 20 millones de euros en la robotización de su almacén central en Mos (Pontevedra), que financió, sin problemas en esa época, con la banca.

La empresa alcanzó su nivel máximo de actividad en el 2007, año que cerró con una facturación de 105 millones de euros. Todo iba bien hasta que eclosionó la crisis. Desde el 2008 las ventas de la compañía no han dejado de bajar hasta quedarse en 68 millones de euros en el 2012.

La razón es evidente. Desde el año 2008 el consumo privado ha caído en Galicia el 8 % y las familias han concentrado su gasto en los bienes básicos, reduciendo al máximo los que no son de primera necesidad. Como Pórtico trabaja fundamentalmente para el mercado gallego y español, apenas puede responder a esta caída de la demanda interna vendiendo en el exterior.

Ante la crisis, la dirección de la empresa y los trabajadores se pusieron de acuerdo para aplicar medidas de resistencia: cerrar algunas tiendas, recortar gastos, reducirse el salario el 7,5 % y aprobar un ERE temporal. Pero no fue suficiente. Cuando las ventas caen el 40 % en apenas cinco años, las medidas de ajuste interno son útiles para frenar el golpe, pero insuficientes.

Y el golpe final se lo dio, cómo no, la banca negándose a la renegociación de los préstamos. Los que en la fase expansiva prestaban sin problemas ahora no les tiembla el pulso para tomar decisiones que condenan a empresas viables, pero con problemas financieros, a crisis irreversibles.

De este caso concreto a la reflexión general. Estamos en una crisis de demanda, porque la destrucción de empleo, el elevado nivel de paro y la pérdida de poder adquisitivo de salarios y pensiones ha provocado una reducción del gasto de las familias, que se traslada a una caída de las ventas de las empresas. Por eso ajustar costes está bien, pero no es suficiente para salir de la crisis, porque si no se recupera el nivel de ingresos el esfuerzo del ahorro acaba siendo inútil. Y por último, el gran culpable: las entidades financieras. La lenta digestión del enorme empacho inmobiliario que hay en sus balances por sus excesos en la burbuja inmobiliaria la están pagando hoy familias y empresas con una restricción extrema del crédito y pagando tipos muy elevados. La banca es hoy por hoy la enterradora de muchos proyectos empresariales que podrían resistir la crisis si contaran con una mínima colaboración de las entidades financieras.